Butte dish, mantequillero artesanal - POR ENCARGO

Marta Bonilla

€140,00
Precio unitario por

EL LUJO DE LA SENCILLEZ

«¡Estáis todos despedidos! ¡La mantequilla está fría!». Si has visto Succession seguro que entenderás esta frase; si no lo has hecho, te invitamos a descubrirla. En este giro de guion, un enfadado Connor pone de patitas en la calle a los cocineros y a la organizadora de una elegante gala en la que todo sale en orden… excepto la temperatura de la mantequilla. Pero, ¿hay algo más dramático que no poderla untar? ¡Síiii! Que te la sirvan en el plato erróneo.

Es como de estas veces que organizas una cena en casa, intentas epatar a los comensales y sacas tu mejor mantel de lino orgánico, esa vajilla artesanal, unas velitas de cera de soja, los exquisitos manjares… y ¡oh, mon dieu! pones en la mesa la mantequilla entera en su propio envase. Para que esto no vuelva a suceder (y no te despidan como anfitrión), llega a Honèstica esta preciosa mantequillera de Marta Bonilla. Inspirada en las chimeneas del Mediterráneo, esta pieza de gres esmaltada en blanco con un efecto aguado –que deja ver en la base un dibujo en rosa palo– salvará tus mejores galas y conseguirá que salgas hasta en el telediario.  

MÁS INFO

  • Gres esmaltado en blanco con efecto aguado.
  • Apto para uso culinario.
  • No meter en lavavajillas.
  • H 9 cm x W 9 cm.
  • Pieza por encargo, tiempo de elaboración: 2 semanas.

CONOCE LA MARCA

Compartía su profesión como educadora junto a la de ceramista, cuando dio el verdadero salto. Crear su propio taller en Gracia, Barcelona, trajo la autonomía y la creatividad a una joven Marta Bonilla, quien se había enamorado años antes de la libertad que le permitía diseñar y modelar en barro y arcilla. En julio de 2017 lanzó su firma homónima bajo un portfolio de bellas piezas artesanales, obras clásicas y funcionales con un diseño sobrio, atemporal y que reivindican la belleza de lo imperfecto.

Inspirada por el trabajo de Valentine Schelegel o Salvatore Glume, en su obra reconocemos la influencia de los ceramistas de los años 40. Una oda a la sencillez y a la imperfección cuya motivación a la hora de trabajar es que el objeto no pierda su naturalidad y veamos las huellas del proceso de creación. Que el objeto sea bello en sí mismo es otro de sus objetivos y, mientras cumple su función principal, este se convierte en toda una pieza de decoración. Un lema le inunda: «reconectar con nosotros mismos y volver la mirada a lo realmente esencial».