¡Vete, construye una cabaña!

¡Vete, construye una cabaña!

¡Vete, construye una cabaña!

«Vete, construye una cabaña y comienza el gran proceso de devorarte a ti mismo,

no veo otra alternativa ni esperanza para ti».

William Ellery Channing a Thoreau, marzo de 1845.

 

 

Trabajó durante días, de sol a sol, casi sin descanso. A orillas del lago Walden, en un profundo bosque repoblado de Concord, Massachusetts, levantó una simple estructura de una sola habitación. En trece metros cuadrados distribuyó cama, mesa, tres sillas -para no recibir a más de dos personas-, armario y chimenea. Desnudo de equipaje, su lema era «simplificar más y más». El 4 de julio de 1845, a punto de cumplir 28 años, se mudó a su nuevo hogar. El experimento duraría dos años, dos meses y dos días. Inauguró su diario con una frase: “Ayer vine a vivir aquí”.

 

Henry David Thoreau quería probar si era posible vivir de forma sencilla, observando el entorno y demostrar que allí, en medio de la naturaleza, era donde se encontraba la verdadera libertad. Y se encontró con la fuerza del viento, la fugacidad de las hojas, la corriente del agua, lo salvaje e instintivo de la fauna… Aquel diario se convirtió en Walden o la vida en el bosque que, más allá de un excelente libro, es una propuesta de vida. Thoreau volvió a la esencia humana y en ella encontró lo social y lo emocional. El bosque, el universo, el respeto por la ley natural. Entusiasta de los patrones ecológicos, este analista de la naturaleza fue el pionero en alzar la voz contra el cambio climático, pues creía -y la realidad le está dando la razón- que un ligero cambio en los procesos naturales podría llevar a la humanidad a su fin.

 

En Walden se habla de economía, de ética, de amistad, de progreso… mientras se defiende apasionadamente el senderismo, la conservación de los recursos naturales o la naturaleza salvaje como centro de todo. Trata de reconquistar nuestra relación con la naturaleza, no someterla ni someternos a ella, restablecer un equilibrio entre el hombre y su entorno, dejándonos una clara lección: los valores no son ideas abstractas o eslóganes sociales o políticos.

 

Además de escritor y padre fundador de la literatura norteamericana, Thoreau fue tantas cosas que resulta difícil resumirlas: agrimensor, fabricante de lápices, insumiso, abolicionista, defensor de la desobediencia civil… Sin embargo, él mismo recordaba siempre que su auténtico empleo era «inspector de ventiscas y diluvios». Su mirada influyó en autores de la talla de Tolstói, Proust o Hemingway y a este disidente nato, tan completamente convencido de la bondad de la naturaleza como para proclamar un «pensamiento salvaje», se le considera hoy un pionero de la ecología y de la ética ambientalista, ya que su visión ha ejercido una presión decisiva en la aparición de una conciencia ambiental…tan necesaria.

 

«En la naturaleza está la preservación del mundo»

Henry David Thoreau (1817-1862)

 

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Errata Naturae. 2020.